18 febrero 2011

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- Dejate de canelita que ya no es tan niño!!!

12 febrero 2011

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Aires de libertad Nuevas terapias penitenciarias



La calle es la cárcel

La prisión de Villahierro y Proyecto Hombre ponen en marcha una experiencia piloto para reinsertar en una «comunidad urbana» a reclusos en proceso de rehabilitación, principalmente a beneficiados por el nuevo Código Penal

10/01/2011 marco romero | león

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Doce internos del centro penitenciario de Mansilla de las Mulas serán excarcelados en los próximos días para continuar el cumplimiento de su condena y culminar su proceso de rehabilitación a las drogodependencias en una «comunidad urbana», de momento un concepto tan provisional como novedoso. Se trata de un programa pionero en España ideado por los responsables de la prisión de Villahierro y de Proyecto Hombre para favorecer la reinserción de presos especiales fuera del ambiente penal, en algunos casos incluso antes de que su clasificación penitenciaria les permita salir de la cárcel. Por esta razón, los reos que han decidido integrarse voluntariamente en esta iniciativa seguirán dependiendo para todo de Instituciones Penitenciarias. Muchos de ellos, por no decir todos, son presos que se beneficiarán de una inminente excarcelación o de una notable reducción de su condena como consecuencia de la revisión de sentencias -"unas 2.000 en León-" a la que obliga el nuevo Código Penal.

Un psicólogo, un educador y un trabajador social de la prisión han trabajado durante los últimos meses en coordinación con el equipo multidisciplinar de Proyecto Hombre en León para crear las bases del nuevo programa y definir el perfil de los usuarios, mayoritariamente varones de 20 a 40 años sometidos a terapias contra el alcoholismo y otras drogodependencias que se encuentran en prisión desde hace años por acumulación de condenas. Todos se encuentran en segundo grado penitenciario, es decir, con un régimen de vida ordinario dentro de la prisión. Algunos serán «finalistas», como se conoce a los que saldrán de prisión habiendo liquidado su condena, mientras que otros muchos culminarán el proceso penitenciario en la nueva comunidad urbana. Se entiende que quienes no tengan penas pendientes entrarán en el programa para completar la terapia o para que ésta le sirva de puente a nuevos tratamientos. «El objetivo de la comunidad urbana es relacionar a la sociedad con la persona que ha delinquido, porque eso es lo que ha entrado en conflicto», defiende Jorge Juan Peña Albillo, presidente de Proyecto Hombre en León.

La amplia experiencia de esta organización en el tratamiento de toxicomanías ha servido como modelo para crear la citada «comunidad urbana», que toma como referencia las comunidades terapéuticas que trabajan la deshabituación a las drogas en grupos de convivencia. En cuestión de días -"es probable que esta misma semana-", los doce presos que actualmente se encuentran en Villahierro recibirán el salvoconducto para poner en marcha este programa piloto que les alejará de los módulos de la cárcel. A partir de entonces solo tendrán que acudir al Centro de Inserción Social (antigua prisión) para comer y dormir. El resto del día podrán hacer vida normal en la calle, acudiendo a las actividades proyectadas en el nuevo programa e, incluso, trabajando. Está previsto que los fines de semana acudan a la comunidad terapéutica de Proyecto Hombre en Santibáñez del Toral, en el Bierzo, para retomar el hábito del ocio y el tiempo libre y aprender a utilizarlos en positivo. «Muchos de ellos llevan años en prisión y se van a encontrar sin saber qué hacer en esos momentos, y eso puede convertirse en un riesgo. Casi siempre han vivido una marginalidad que les ha impedido conocer, por ejemplo, lo que es el teatro, el cine o el deporte», explica Peña.

Sin homenajes. «Lo importante es que salgan y no se den un homenaje, como ya ha ocurrido», advierte el presidente de Proyecto Hombre. Se refiere al caso de un reo recientemente excarcelado que ya ha sido visto en la calle nuevamente enganchado, pese a haber seguido en prisión un largo proceso de desintoxicación. «Hasta ahora, la gente con este problema no tenía otra salida. Esperaban en un módulo hasta que accedían a una comunidad terapéutica o a otra medida adecuada para su situación».

En la comunidad urbana tendrán el mismo sistema de organización que en las comunidades terapéuticas, con vida grupal y un régimen de relaciones personales donde todo se discute y consensúa públicamente. «Es todo igual, solo que en la comunidad urbana se utiliza la ciudad como medio», indica Julio Bodegas, psicólogo del programa. El interior de la prisión no es el mejor ambiente para desarrollar una terapia. Aunque vivan en un módulo de respeto, en el que hacen sus rutinas diarias, tienen permiso para moverse a otras dependencias penitenciarias para realizar otro tipo de actividades. Por comparación, en la nueva comunidad urbana «el CIS sería el -˜módulo 8-™ de residencia, en otro lugar pueden hacer la terapia y, en otro distinto, actividades semilaborales o trabajos en beneficio de la comunidad», precisa Bodegas. En cualquier caso, «aquí vendrán libremente a seguir un proceso largo porque todos ellos llevan mucho tiempo sin consumir».

Con la salud deteriorada. El alcohol es un problema transversal para todos y en todos se dan casos de politoxicomanía. «Los más jóvenes es habitual que vengan de centros de menores y con largos seguimientos por parte de los servicios sociales; llegan realmente destrozados, con la salud muy deteriorada y casi todos sin dientes». Es lo que ellos mismos han bautizado en tono humorístico como la «generación sindi » o «generación sindientes ». «Curiosamente, cuando están bien es el primer propósito que tienen: arreglar la dentadura para buscar trabajo o ser reconocido socialmente». ¿Y por qué solo aparecen nombres masculinos entre los doce primeros beneficiarios del programa? Jorge Juan Peña sostiene que «existe un factor de protección de género en la mujer» que propicia una «manifestación quizá más privada» de ese desgaste.

No sin apoyos. La fase de inserción que se inicia en la comunidad urbana tiene otra característica propia de Proyecto Hombre, como es el trabajo con las familias o las parejas de los usuarios. En el caso de que estos lazos no existan, la legión de voluntarios y trabajadores de esta entidad harán de colchón familiar en cualquier situación, desde el acompañamiento para tramitar cualquier papel hasta el apoyo emotivo en momentos de bajón. Se utilizará, por lo tanto, la red de medios que ya existen, aunque con la calle como medio lógico de integración social.

Los reos, una vez en este periodo de semilibertad, podrán realizar trabajos en beneficio de la comunidad para las administraciones públicas. En tal sentido ya se están manteniendo contactos con los responsables del Ayuntamiento de León y de la Diputación Provincial para que establezcan una bolsa de actividades a las que puedan ser destinados algunos de los beneficiarios del programa. La institución provincial ya ha accedido a cooperar con la iniciativa y en estos días se conocerá la decisión del gobierno local de la capital. Del éxito que tenga este proyecto piloto en León depende que sea exportado después a otros centros penitenciarios del país, como ya ocurrido con experiencias en su día pioneras como fueron los módulos de respeto o el módulo mixto. De momento, todos los integrantes de la primera comunidad urbana de España serán originarios de la provincia leonesa, algo que en principio pretende favorecer alianzas familiares o amistades cercanas que puedan facilitar la reinserción.

«Si el proceso va bien, puede que consigan el tercer grado penitenciario. También puede ocurrir que esa persona necesite un proceso terapéutico mayor. En ese caso, pasaría a la comunidad tradicional», aclara Jorge Juan Peña. «Lo que tenemos entre manos -"agrega-" es una nueva herramienta para trabajar de forma protegida la inserción y la desintoxicación».

El programa movilizará a gran parte del voluntariado de Proyecto Hombre para realizar los acompañamientos y las bases de la terapia han sido creadas originalmente por sus propios psicólogos, que evaluarán y seguirán individualmente cada caso. Con el tiempo, pretenden dar cobertura a entre 30 y 40 beneficiarios.

El pasado 23 de diciembre entraba en vigor la reforma penal que beneficia por su carácter retroactivo a determinados autores de delitos contra la salud pública (drogas), contra la seguridad vial (tráfico) y contra la propiedad intelectual e industrial ( manteros ). Muchos de ellos son drogodependientes o sufren alcoholismo y pronto se verán en la calle por los beneficios de reducción de condena que se aplican con el nuevo Código Penal. Algunos rebajarán la clasificación penitenciaria a tenor del artículo 100.1 del libro punitivo, mientras que otros podrán acceder a medidas de internamiento en centro de deshabituación con arreglo al artículo 182. Subraya el presidente de Proyecto Hombre, Jorge Juan Peña: «No nos vamos a saltar la ley ni la comunidad urbana pretende sustituir su cumplimiento, sino que utilizaremos las vías que hay para que se pueda trabajar a la vez la rehabilitación y la reinserción».